Una pestañita explosiva!

Como una cebollita, pero la cargas siempre en el párpado...

miércoles, agosto 31, 2005

El último mes

A su mamá le molestaba la música. Tenía muchísimos discos, pero nunca los oía. Creo que asociaba la música con el papá de Jo, y eso la ponía triste. Por eso siempre se quejaba cuando su hija ponía música. No importaba que fuera Chopin o Nirvana, o cualquier embeleco que le formara en un radiecito, sólo se quejaba.

Un mes antes de que se fuera para siempre, a su mamá empezó a gustarle la música. La escuchaba en todos lados, la cantaba a todo gañote con su voz mala y sin pegar ni una sola nota. El primer día de ese último mes que pasarían juntas, Jo estaba en el sofá viendo un canal de videos. Apareció Coldplay, con Chris Martin caminando en retroceso, haciendo todo en retroceso, en el video de The Scientist. Su mamá venía caminando de la cocina y se detuvo en la sala, absorta, hipnotizada con el video. Desde ese momento le pedía a ella que le pusiera la cancioncita.

Jo se sorprendió como nunca, eso no había pasado, más bien su madre siempre se quejaba.

Días después la madrugada encontró a Jo en la computadora. Se sentaba a aprender cualquier asunto médico de la forma más rudimentaria. Veía autopsias, cirugías, patologías, cuadernos de anatomía, como si fuera una indigente hambrienta y todo ese conocimiento fuera pasta. Nada era mejor acompañante para las horas de insomnio médico que Dream Theater. Y no se tomaba la molestia de usar audífonos ni ponerlo bajito, eso era mucho pedir. Entonces su madre un día se despertó. Jo pensó que iba a tener que acostarse a dormir y dejar de estudiar, pero su mamá se sentó a su lado y escuchó “Through her eyes”. Y le pidió que la repitiera, y otra vez, y una más. Mientras ella aprendía de anastomosis, de colostomías y de doxorrubicina liposomal.

Dos días antes de que su madre perdiera la cabeza, las dos vieron en la clínica un concierto de James Taylor. Jo estaba cambiando de canales cuando apareció el concierto en un canal cultural y su mamá le pidió que lo dejara. Estaba ahí, tendida en la cama de la clínica, muerta de risa, disfrutando un concierto de dos horas, cosa que su hija jamás hubiese imaginado.

A la semana de que mi mamá se murió y la cremamos, me metí en Internet y bajé música de James Taylor, pero no he podido escucharla. Ya escucho Coldplay, aunque no “The Scientist” y puedo escuchar “Through her eyes”. Debe faltar poco para que empiece a escuchar James Taylor, a ver si de verdad me gusta…

lunes, agosto 22, 2005

Estrogenofobia

Los estrógenos son los culpables de que las mujeres sean unas lloronas. De esa fastidiosa peculiaridad que nos hace ver tan desesperadamente débiles. Pero sobretodo son los culpables de que a todo lo que pase lo analicemos una y otra vez, dándole vueltas y amasándolo en la mente hasta que la cosa pierda toda claridad.

Una mujer está sola, tranquila y relajada un día cualquiera en la tarde. Probablemente tenga todo el día echada en el sofá viendo cualquier programita baboso, otra vez la culpa es de los estrógenos. Y ha estado comiendo cuanta porquería light consigue en la nevera (los estrógenos dan hambre). En eso el celular hace uno de esos pitos maravillosos que todos conocemos y la mujer pega un brinco que hace que la bata le llegue a la cintura, se levanta corriendo, se tropieza con una esquina atravesada y pega la carrera directo al aparatito enfermizo.

“1 nuevo mensaje”

La mujer aprieta los botoncitos temblorosa, piensa por un momento “No, qué va, qué va a ser él. Y si es él, qué ladilla” (pero la tipa pegó la carrera, y se dio el mamonazo contra la pared, y se le vio hasta el alma…)

Listo, es él. Parece que al tipo se le acabaron las frasecitas preparadas, porque el mensajito generalmente es cualquier estupidez. Los menos creativos se enfrascan en un aburrido “¿Cómo estás?”

Inclusive soberana pendejada es capaz de desencadenar una línea de pensamiento femenino cargadita de estrógenos…

“Pero bueno, ¿cómo voy a estar? Estoy en mi casa, sola, puede que ligeramente aburrida, pero estoy viva. Mi vida no ha cambiado mucho desde hace una semana. Y…

Y te extraño mucho, cabrón, ¿qué quieres que te diga? Y estoy insoportablemente aburrida y maloliente, idiota… ¿Será que el degenerado está pensando que le voy a responder que estoy cachonda? No, pendejo, si no me he ni cepillado los dientes hoy ¿¡Cómo se puede estar cachonda con este mal aliento!?”

Entonces, en un reflejo de la banalidad del tipo y para poder responder rápido y darle importancia a la pensadera, la mujer escribe y manda un insulso “Bien, y tú?”

Pero la pensadera nauseabunda y obsesiva pica y se extiende, porque el asunto ahora no es descubrir el mensaje de respuesta adecuado, sino el análisis meticuloso de las razones que pudo haber tenido el tipo en cuestión para aparecer con el mensajito vomitivo.

Pensó en mi. Quiere verme. Claro, claro que el tipo me quiere, lo que pasa es que él tiene problemas. Es cuestión de entenderlo y saberlo llevar. ¡Qué bello! Es que yo sé que si no me quisiera, simplemente no aparecería

Pero la mujer siempre tiene una secuaz que trata, sin mucho éxito, devolverle la realidad obvia y en bandejita de plata.

Marica, tienes que ver las cosas como realmente son. Si el hombre a estas alturas del partido no se ha reivindicado con la vida y te ha dicho las cosas claras, guevona, despierta, que el hombre nada que ver

Y entonces la idiota replica, para convencer a la amiga, porque ella está segurísima de su mentira grandota que la hace feliz.

No vale, marica, o sea, tú no entiendes. Es que él me ve como si me quisiera decir algo. ¿Ves? ¡Coño, pero déjame hablar! Es como si quisiera, pero realmente está enrollado. ¡Le han hecho tanto daño en su vida!…”

Y la mujer pasa dos días, o tres, con aquél rollo montado. Tratando de determinar, dentro de un halo misterioso que no existe, las mil y una razones que llevan a que el sujeto haya aparecido con un mensajito banal.

Lo más triste es que probablemente el sujeto ya haya olvidado que mandó el dichoso pitico polémico. Simplemente lo mandó porque le nació, estaba esperando en una cola, bastante fastidiado, y se puso a jugar con el perol.

A mi nadie, nadie, me quita de la cabeza que todo es culpa de los repulsivos estrógenos.

jueves, agosto 18, 2005

Luz acuática

El olor de todo tu cuerpo.

Llego a mi casa, después de estar contigo, y me huelo. Tu olor se me pega en cada pedacito de piel. Tus ojos, incrustados entre mis piernas, para siempre.

Tus manos tibias palpitando sobre mí, tocándome los huesos de la cadera. Llegando por dentro y por fuera. Tu cuerpo abriéndome huecos como si yo fuera plasma, arena. Tus piernas apretadas. Tu cuerpo extraño que empiezo a reconocer. Tu sonrisa pequeña.

Parpadeas lento, lentísimo. Hundes tu lengua para convertirme en espuma. Tiemblo. Palpito, golpeo. Llueve dentro de mis venas.

En mi cuerpo hay partes redondas que se hinchan. Tú las besas y me lames toda.

Me bebo tu voz con todo lo demás. Un ruido susurrado, bajito, caliente.

Un sabor aéreo que se mete en los oídos y entre las piernas al mismo tiempo.

Mi cuerpo corcovea varias veces y yo te veo, redondo y tibio. Me haces entender la fuerza de tu cuerpo, me la explicas una y otra vez, para adelante y para atrás. Me hundes todos tus impulsos por dentro y se me sale el aire por la boca.

No veo nada.

Mi cuerpo son chorros de luz sobre tu centro de agua hirviendo.

sábado, agosto 13, 2005

Cuatro meses pueden parecer cuatro años

El Poliedro, 13 de diciembre del año en curso...

¡Dream Theater viene a Venezuela!

Yo tampoco lo creía, pero apreta aquí

(Ay verrugoncito y afines, no vayan a fastidiar mucho las cosas por ahí hasta, por lo menos, el 14 de diciembre)

Selva

Llegué hace un rato de uno de los días más surrealistas de mi vida. Ni Buñuel, ni Dalí, ni Kafka. Incoherentísimo y maravilloso. Me duelen los riñones. Horas que pasan como las de hoy me causan las risas más deliciosas de mi vida.

Mis días no se terminan a la medianoche, sino cuando me duermo. Claro, he pasado jornadas enteras de cincuenta horas. Pero es hora de que este se acabe. ¿Por qué no se acaba?. Escucho y ahí está la respuesta, chorreándome el canal auricular.

Son un viaje de mujeres ochentosas gritando a todo gañote, deben tener toda la noche bebiendo y viven cerquita de mi casa. Una de ellas tiene un karaoke y me están dando una serenata inolvidable sin hacer caso de la Ley Mordaza del fifty-fifty. Ya cantaron temas interpretados originalmente por Karina, Kiara, Guillermo Dávila, Rudy La Scala, Melissa y van por Franco de Vita.

La razón de mi inconcebible insomnio es que estoy esperando una canción. Si la cantan, se disiparán todas mis dudas. Es totalmente seguro que mañana me voy a despertar convertida en un cucaracho gigante.

jueves, agosto 11, 2005

Y que pase algo que te borre de pronto

Agarro mi carro en la mañana y me lanzo, de cabeza y sin pensarlo mucho, en la orgía de la cola caraqueña. Voy directo al centro. En la radio empieza a sonar la voz de Marta Colomina que entrevista a Alfredo Keller, no sólo encuestador, sino analista.

La pérdida del domingo es de todos, "no perdió la oposición, pero tampoco ganó el oficialismo". Estamos jugando un juego en el que no gana nadie. Aparentemente al verrugón se le podría estar acabando el tiempo, sus niveles de populismo popularidad decrecen y la gente empieza a despertarse de la ilusión misionera (1). Si eso es así sería bueno que apareciera un líder, que sea opuesto al verrugón pero no necesariamente opositor. Puede ser el mejor momento para que, en una estocada fulminante, acabemos con un gobierno anárquico de tendencias izquierdistas.

Y luego me paseo por el Teatro Teresa Carreño. Mi teatro, mi Ateneo adorado, mi parquecito Los Caobos lleno de loquitos vendiendo cosas impresionantes y declarándole a uno cosas lindas encerrados en sus mundos de aguardiente y mal olor. Mi cafecito Rajatabla para hablar pajita mientras empieza la función, el concierto, la exposición. Mi placita de los museos, mi estacionamiento del Hilton con su respectiva pasarela oscura, hedionda a orina de borracho e intimidante. Y ahora todo está manchado de gente roja desde los cuellos hasta las cinturas. Cuento las camisas rojas, los gorritos de Fidel, todos exactamente iguales. Como un ejército del miedo.

Ojalá que se acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta

Ojalá que Alfredo Keller no esté equivocado y que justo en ese preciso momento los venezolanos podamos confiar en un CNE, en un gobierno y en nosotros mismos. Ojalá que se borre todo el daño social que se ha producido en estos seis años de inculturización y guerra.

(1) Alusivo a la Misión Ribas, Robinson, y cuanta cosa se le ocurra al verrugón para ganar “voticos”

miércoles, agosto 10, 2005

Se empieza viajando en sueños...

Lunes:

Mi amigo D me llamó por teléfono, me escribió, me repicó y se volvió loco tratando de que esto me llegara.

Martes:

Jo: D, gracias por el jueguito de ayer. Estoy en Hereford, England.

D: Yo en Amsterdam, estamos cerquita.

Jo: Qué bien, D, un besito me voy a Buenos Aires.

D: Besos, Jo.



Google Earth es un programa que combina imágenes satelitales con mapas e información contenida en el buscador de Google. El resultado es bastante predecible, una aplicación que cuenta con una interfaz impresionante, información de vías, hoteles, topografía del área, restaurantes, escuelas, bancos, cajeros automáticos y cuanta cosa exista. Sobretodo para Europa y Estados Unidos los datos son bien completos. Y esto es sólo para la versión gratuita, por veinte dólares ofrecen Google Earth Plus, que además importa data proveniente de ciertos dispositivos GPS, posee mejor resolución y la posibilidad de hacer anotaciones y dibujos sobre los propios mapas, entre otras cosas menos sorprendentes.

Como si fuera poco por 400$ se puede adquirir el Google Earth Pro. Con data en 3D para emular al mundo entero, terabytes de ciudades captadas aérea y satelitalmente con detalles de alta resolución, más localidades disponibles, formatos de intercambio de datos que permiten compartir anotaciones realizadas en la aplicación y muchas otras funciones.

En menos de dos días he visitado:

Caracas, Venezuela.

Cartagena, España.
Madrid, España.
Lorca, España.
Vigo, España.
Barcelona, España.
Paris, Francia.
Lyon, Francia.
Montataire, Francia.
Berlin, Alemania.
Frankfurt, Alemania.
Milan, Italia.
Florencia, Italia.
Bruselas, Bélgica.
Hereford, Inglaterra.
Praga, República Checa.
Vienna, Austria.
Tripoli, Líbano.
Nueva Delhi, India.
Poona, India.
Mumbay, India.
Khadky, India.
Buenos Aires, Argentina.
San José, Costa Rica.
Manhattan, N.Y.
Bayside, E.E.U.U.

lunes, agosto 08, 2005

Mi manzanita de plata

Nací gracias a un medallón de plata en forma de manzana. Mis padres se conocieron en los quince años de mi mamá. Contrario a lo usual, ella tenía un vestido rojo ese día y un moño en el pelo con un copete altísimo. Eran los setenta.

Mi papá tenía una de esas barbas bien tupidas y bien cochinas, típicas de la época. Era un flaquito no muy atractivo y mi mamá ni volteó a verlo. Para él, fue amor a primera vista. Estuvo dos años tratando de que mi mamá diera su brazo a torcer, pero ella seguía pensando que el hombre era bastante poco agraciado.

Dos años de serenatas improductivas después, cuando mi mamá cumplió diecisiete, mi papá se apareció en su casa. Ese día le regaló un medallón de plata en forma de manzana con la inicial del nombre de mi mamá grabado. El papá de ella le compró una cadenita de oro blanco y ella, por fin, dio su brazo a torcer. Mi mamá pasó el resto de su vida diciendo que no se había enamorado de mi papá sino de su guitarra, pero la guitarra tenía dueño y necesitaba alguien que la tocara.

Desde que mi mamá murió no me quito la manzanita del pecho, a menos que se me reviente la cadena donde la cuelgo.

domingo, agosto 07, 2005

La prórroga

Menos mal que una señora de gorrita y chalequito muy parecido a los de Jorge Rodríguez está ahorita en la televisión anunciando la prórroga hasta las siete de la noche. La gente se ha congregado en los nueve mil quinientos centros de votación, los cuales están abarrotados de gente desesperada por votar. La euforia es general. La gente está contenta y sumamente motivada a ejercer la pantomima al voto.

Estoy tan feliz que voy a cortarme el dedo meñique, a imprimir otra cédula en la impresora (gran vaina, mi impresora o la de la Onidex) y me voy, otra vez, a ver si vuelvo a votar y se me quitan estas ganas desesperantes.

Miss Resultados Preliminares

A media hora para el cierre oficial (oficialísimo) de las mesas de esta pseudovotación, me dispongo a entregar los resultados preliminares de una encuesta que acabo de realizar mandando una buena cantidad de esos fastidiosísimos mensajes de celular.

¿Votaste?

Porcentaje de gente que votó: 2, 7 %
Porcentaje de gente que NO votó: 27,0 %
Porcentaje de gente que se abstuvo de responder la encuesta de abstención: 70,3 %

Aparentemente la abstención trasciende barreras y llega, inclusive, a otro tipo de encuestas. Seguro que la gente está muy ocupada votando y no puede contestar mi ladilloso mensajito.

jueves, agosto 04, 2005

Chorro de palabras

Ya no escucho el ruido. No sé si es costumbre, por eso ya no marea y se ha acabado definitivamente. Se puede pensar, se acaba la angustia, es posible disfrutar el propio silencio. Escribo. Inclusive cuando no tengo dónde escribir, mi mente me va contando cosas. Voy escribiendo en mi mente, sin parar.

Abandoné los óleos, por un tiempo. Abandoné el teatro y el flamenco. El vicio de escribir se adueña de cada minuto. Es como estar muy molesto, odiar al mundo, y que se aparezca una pared blanca en el camino. Y caerle a puñetazos. Y con cada golpe treinta kilos menos de rabia y un chorro de catarsis. La escritura es inmediata. Con la pintura, las tablas y el baile hay que tener paciencia.

martes, agosto 02, 2005

Ana y el amigo de un amigo

A veces necesito robarle la vida a la gente que conozco para escribir. Se las robo sin permiso, las cambio, las sazono. Escribo cosas que pueden ser verdad y otras que suenan imposibles. Terminan siendo mías, totalmente ajenas a sus respectivos exdueños. Es una forma interesante de quitar la vida.

Ayer estaba leyendo el Tal Cual. Al kiosco donde siempre voy a comprar el periódico hace más de una semana que no llegan El Universal y El Nacional. No voy a salir del micromundo donde paso la mayor parte del día a ver si los consigo porque me cobran doble estacionamiento, soy así de pichirre, y leerlos en línea no me da el mismo placer. Eso me desespera y termino comprando el periódico de Teodoro. Un café, una mesita azul y estoy lista.

En esas estaba cuando llegó mi amiga Ana. Está a punto de cumplir veinticinco años, es una retaca de metro y medio con un cuerpazo y un pelero. Siempre está apurada, estresada y de mal humor, por eso me la llevo tan bien con ella. Generalmente me encuentra pegada a cualquier cosa con letras y no pasa más de medio minuto antes de que se vuelva a ir, dejándome con mi desastre literario en paz, sin chistar.

Pero ayer se sentó un buen rato a hablar conmigo. El hecho de que sea un manojo de nervios todo el día tiene su razón de ser. Hace más de cinco años que se fue de su casa. La verdad es que vivir con su papá no era una buena idea, aunque el hombre en cuestión no le paraba ni medio la mayor parte del tiempo, su mayor entretenimiento era hacerle la vida imposible cuando podía. Por eso se fue.

Ahora vive sola en una caja de fósforos. Pasa todo el día haciendo malabares para estudiar y trabajar al mismo tiempo, está sacando su carrera con dos trabajos a cuestas para poder mantener su independencia económica en este país imposible. A lo mejor por eso se está quedando tan chiquita y se está poniendo tan exageradamente flaca.

Ayer nos pusimos a hablar porque el hombre con el que estaba saliendo la dejó. Tenían sólo dos meses juntos, pero ella había apoyado toda su felicidad en los hombros delgados del sujeto en cuestión. No había sido del todo su culpa, el hombre se le había metido en la vida hasta los tuétanos.

La primera vez que la escuché hablándome de él era el amigo de un amigo. Ella estaba clarita de que el hombre era sólo para pasar el rato, no se estaba engañando, la cosa era así. Siempre salían a sitios nocturnos, llenos de gente, la cosa más casual del mundo. Me los conseguí unas cuantas veces en una de las mías. Parecían dos panas, más nada, sin segundas intenciones.

Empezó a cambiar el día de la fiesta de Rodrigo, cuando se aparecieron juntos. Desde entonces el hombre conocía a todos sus amigos, se hizo amigo de los amigos de ella en un santiamén. No faltó mucho para que el hombre nos conquistara a todos, era panísima. Y entonces ella estaba involucrada hasta el cuello.

Él se fue. Ahora ella tiene que barrer de su casa los recuerdos de él, limpiar el olorcito que el pana dejó y borrar, lo más que pueda, al hombre que la acaba de dejar.

Ayer mi amiga y yo concluimos, de nuevo, que en estas cosas involucrarse está demás.