Una pestañita explosiva!

Como una cebollita, pero la cargas siempre en el párpado...

sábado, julio 30, 2005

Dynamic meditation

Me fui con mi amiga a un local de esos tres que me gustan. Tiene una luz roja, caliente, con sábanas en las paredes, figuras hindúes, vinos, jugos de arándano. Todo es rojo, latente. A los diez minutos de haber llegado. Sólo a los diez minutos, él entró.

El primero de mi orgía difuminada durante cuatro semanas. Me convierto en existencialista para analizar qué pasó dentro de mí. Lo primero que recuerdo es un temblor de piernas. Hay un tipo de meditación que yo hacía, en la que empiezas a vibrar circularmente desde los pies, y cuando vienes a ver, todo el cuerpo vibra onduladamente desde el piso. Algo así sentí cuando me di cuenta de que mis labios temblaban en la misma frecuencia que mis pies, mis rodillas, mis caderas. Y con la misma frecuencia los latidos, el pulso en mi cuello. Listo, mi primera teoría es que allí se produce mucho ruido. Dopamina, adrenalina, endorfinas de todos los tipos volando de mi corteza cerebral a mis brazos, atravesando el estómago, el hígado. Con tanto ruido no se puede pensar.

Ante la supresión total de mis pensamientos, me concentro en los sentidos. Lo estoy viendo, impecable, acercándose y alejándose, de nuevo, al compás de mi vibración. Siento los ojos lubricados, relajados, los párpados que acarician mi córnea cada vez que suben y bajan. Todo se empieza a poner más lento fuera de mí.

Me gusta que las cosas a mi alrededor se tornen lentas. No me gusta que pase el tiempo, porque estoy aferrada al pasado. Estoy hablando como la existencialista pendeja de hace cuatro semanas, pero me lo permito con el fin de racionalizar mis cuatro semanas extravagantes.

El pasado siempre es mejor. Uno olvida lo malo y se concentra en lo bueno. Es mi tiempo favorito porque nos conduce a la melancolía. De allí nacen la nostalgia, el dolor. Allí se guardan los aromas, las imágenes. El pasado siempre florece. El presente no existe y el futuro es simplemente utópico. Pero el pasado es tangible, se puede guardar en una cajita verde, en una canción. Se puede lanzar en la cara de alguien con arrechera, se puede esconder dentro de uno. De los tres tiempos, es el único del cual tengo pruebas.

Todo es más lento que mi pulso. Tan severamente lento que creo que el tiempo está reclinándose hacia atrás. Me emociona pensar que el tiempo, de verdad, se detuviera. Mientras lo tenía en frente, con toda esta sensación interna, tuve la alucinación perfecta de que estaba pasando. Se suspendió el tiempo.

Las manos me sudaban. El trago de vino era cada vez más dulce y más caliente, como una miel espesa bajando por mi garganta entumecida que vibraba. Trato de recordar con precisión el sabor, pero aunque he tomado muchas veces ese trago, en ese estricto momento tenía la sensación de estar tomando aire líquido.

Estoy sentada en un salón, sola, sin ruido a mi alrededor y ya me empieza a molestar el silencio, que ni siquiera es absoluto. Se oyen mil voces a lo lejos. Mi retraso me agolpa una y otra vez la mente. Estoy aterrada.

Pienso que si estoy embarazada voy a abortar. Trato de recordar si conozco a alguien que conozca a alguien que conozca a alguien con quien pueda hacer eso. Un médico, claro. No estoy de acuerdo con el aborto, existencialmente hablando. Pero si estoy embarazada, la única salida es esa. Me duele un poco el vientre. Usualmente a mi me duele mucho el vientre cuando me viene el período, pero no me duele tanto. S estuvo embarazada. Hace tiempo le pregunté si se sentía algo distinto a lo usual. Me dijo que sí, y la sintomatología que me dio coincide mucho con cómo me siento ahora. Estoy definitivamente asustada, ahora sí.

Él se puso a hablar de algo que definitivamente yo no escuchaba. Mi propio pulso era demasiado ruidoso como para que me concentrara en lo demás. La verdad es que tampoco me importaba mucho qué tenía que decir. Sólo veía el movimiento de su boca estrechísima como una línea y los ojos enormes que miraban mis ojos, y mi boca, y mis senos. El hombre está hecho para seducir.

La sensación es de embrujo. De pronto, empecé a notar que ya no tenía el control de mi cuerpo. No había pensamientos coherentes en mi mente. Retazos de frases que pudieran ser importantes nadando en un mar de neurotransmisores y hormonas. Sentí el cuerpo húmedo, hirviendo, y todavía no me había tocado. Todavía.

No faltó mucho para que me apretara la boca con sus dientes. Entonces se acabó mi raciocinio. Trato de recordar qué pensaba, porque incluso con tanto ruido algo se cuela en la mente incansable. Me preguntaba cómo estaba pasando eso. Desde ese momento estoy buscándole respuesta a mi actitud.

Pero no podía parar. Si me hubiera preocupado más por percibir y grabar minuciosamente mi ambiente interno y externo, ahora tuviera más pistas para descifrar mi condición. La condición de todas las mujeres.

(to be continued)

jueves, julio 28, 2005

Crónica de la censura anunciada

Lunes, 25 de julio, 2005

Jo, en su vicio inevitable de leer el periódico, va, lo compra y se sienta a leerlo. Le gustan los artículos de opinión de El Universal y lee uno que le gusta mucho. Es directo, palpable y coherente. Se vacila su periódico, como todos los días y se queda tranquilita.

Jueves, 28 de julio, 2005

Jo, en su mismo vicio de leer el periódico se encuentra con una noticia. La cosa le da vueltas en la cabeza todo el día. Ella sabe que en menos de dos años hay probabilidades de que esto se termine de componer. Teme que esto se vuelva una Santiago ensangrentada, una Bahía de Cochinos, pero sin mojitos, sin "coltaítos" y sin caracoles.

Jo tiene un amigo mexicano que viene a estudiar a Venezuela. Cuando Jo le pregunta porqué escogió su país para tal fin el charro le contesta "pos voy a estudiar economía, en un país con tendencias izquierdistas sumamente claras".

Jo recuerda que el verrugón ha lanzado puntas para expropiar empresas privadas que, según él mismo, no cumplen los estándares de productividad que a él le parezcan (todo esto porque, a la final, las decisiones legales que se toman en estas tierras son reversibles de acuerdo a la conveniencia de quién es gobierno).

Jo sabe de matemáticas y estadísticas porque no le queda más remedio. Se pone a contar y entiende que sin propiedad privada y censurando medios… ya está.

Jo empieza a prepararse para el gran escape. Y hasta empieza a darle miedo publicar este tipo de cosas, pero no se aguanta.


miércoles, julio 27, 2005

Mejor que un rollo de blogs

Esta es la historia de un pequeño plátano que tenía muchos problemas. A corta edad una bruja de su comunidad logró exiliarlo, poniéndole para siempre lentes verdes. Por eso, nuestro protagonista no podía ver las cosas como eran, le costaba agregar agua y agitar sus comidas, siempre se le escapaba un chorro y hacía un desastre, no podía hablar de moda porque distorsionaba los colores, tenía menos sexo en la ciudad y ya no hablaba cloro.

Cuando dejó de sentirse infelix, sus lágrimas se secaron, decidió que él era más importante que todo lo demás. Se enfocó en su mente, su cuerpo y sus emociones y escribió un cuaderno de notas lleno de todos sus impulsos y sentidos. Cansado de sentirse un corsario sin mar, viajó por el universo, llegó al planeta Frank, conoció a un tal Alberth, y a una supermujer, compartió aventuras con la Bebysh, y comió chupetas de ajo para tratar de soportar al presidente Chávez.

Hizo una bitácora de vuelo, para que todos lo viéramos desde afuera, con el dinero que ganó, se compró un penthouse, de todo y demás. Hoy vive feliz, convertido en mazacote.

Dream of Puppets

A los tres días soñé con ella. Estaba en un patio y venía caminando como si hubiese salido de una pared. Yo a ella la veía clarito, venía con un montón de sombras alrededor. Se notaba que cada sombra era una persona, pero no las distinguía. No daba miedo, tampoco era una sensación de bienestar pleno. Se sentía normal, cotidiano. Estaba cagada de la risa, con el pelo clarito y tan liso y finito como el mío. Yo sentí que no estaba soñando.

"Mami, yo te quiero volver a ver, aunque sea por aquí, ¿cuándo te vuelvo a ver por aquí? Claro, no lo había pensado, pero así nos podemos ver de vez en cuando".

Y de la forma menos sagrada, más bien como si fuera una compinche burlándose de mí, se cagó de la risa.

"Isa, vine a decirte que estoy bien, me siento bien y no me duele nada. Es la última vez que vas a soñar conmigo, si vuelves a verme en sueños vas a sentir todo distinto. Yo tengo cosas que hacer, estoy ocupada. ¿Tú qué crees, que yo estoy en una sillita sentada "allá arriba" viendo lo que tú haces aquí abajo?"

Y entendí.

Anoche volví a tener un sueño vacío. Cuando se refería a que todo sería distinto es que, sí, he vuelto a soñar con ella. De otra forma. Como si fuera una imagen de plástico, una marioneta. Prácticamente sacada de una foto. Como si fuera una foto con movimiento. En el sueño no me toca. Sólo se ríe, con una sonrisa vacía. No me mira, sólo entro yo en su espacio visual. Ni siquiera sueño con el recuerdo que tengo de ella.

martes, julio 26, 2005

Ella se pregunta qué habrá estado haciendo anoche. Sabe tan poquito de él, ni siquiera su segundo apellido. Se pregunta para qué la llama, pero rapidito se da respuesta: ha estado pensando todo este tiempo que fue por pura cortesía.

Cuando él no está, ella está con otros, muchos otros. Se hace la dura, la que no lo piensa y cuando no puede más, empieza a hablar del artículo que le puso en las manos. En su casa llena de periódicos viejos, llena de pintura, humo y música. Piensa en veinte mil cosas hasta que no aguanta el dolor de cabeza. La pensadera y los rones de anoche. Piensa mucho las cosas y a la final, sus decisiones nunca son buenas.

Ella está sola, y necesita que se muden para allá. Necesita que se acabe la diversión, las noches infinitas y ese desastre de vida. Necesita dejar de pensar en alguien que no conoce.

Él no sabe nada de ella. No sabe los cinco años de guerra contra enfermedades degenerativas, ni el miedo de pensar en los que le faltan a ella con su propia enfermedad. No sabe sus historias, ni de sus pecados. No sabe porqué es una descarriada, como él.

Pero ella sigue pensando en la mirada más exquisita del mundo. Sigue pensando en su pelo, que le cae en la cara como si quisiera matarla a puñaladas con sus puntas. Y ella se muere un poquito a cada segundo. Sigue enferma. Se imagina sus caderas precisas y todo su cuarto en una mano suya. Su lengua caliente, apurada, amarga.

Entonces vuelve al mismo bar, con la misma gente. Se detiene, como si estuviera al lado de una autopista. Los hombres son carros que ella mira, toca, besa y deja pasar, a doscientos kilómetros por horas. Esperando que él le dé la vuelta completa al circuito, a la misma velocidad de la tierra alrededor del Sol, y vuelva a pasar por aquí.

domingo, julio 24, 2005

Flushing experience

Me compré unos lentes con aumento. Me gasté un dineral porque sé que estoy ciega. Para estas cosas es mejor elegir algo de calidad.

El mismo día que me los dieron salí por ahí. Me fui al restaurante más caro que conozco, comí, bebí y compartí con gente bien. Divino porque sabes que estás bien vestida, arregladita, impecable. Respiro el olor que sale de mi pelo cuando lo batuqueo y se siente bien. La gente huele bien, se expresa bien. Las mujeres baten el pelo lisito de peluquería, los hombres se ajustan el reloj en la muñeca. Todos se miran y pestañean lentamente.

Al ratito me dieron ganas de ir al baño. Típico, dos copitas de vino y soy un fastidio de chicharra. Llego a mi baño público favorito de Caracas. En todas las paredes hay espejos y es suficientemente pequeño para que te des cuenta y te intimide.

Entro, hago lo mío y justamente cuando tiro de la cadena, un par de lentes que tenía guindados en el escote de la blusa, se resbalan y caen en el medio del remolino de agua. Lo peor es que con la fuerza del motorcito que hace el “flushing” los lentes inmediatamente desaparecen. Listo, acabo de echar sopotocientas unidades monetarias literalmente a la poceta en menos de medio nanosegundo.

Y entonces, en un impulso que no controlé, mi mano derecha, pulcra, suavecita de crema y con las uñitas brillantes se zambulló en la poceta. Metí la mano hasta el fondo, no sólo hacia adentro, sino hacia arriba. Palpé todas las caras del hueco de cerámica y cuando se me estaba asfixiando la muñeca, sentí algo. Un palito, como de plástico. ¡Una pata! Tiré de ella, despacito, no fuese a terminar reventando los sopotocientos mil bolos por atolondrada. No aguantaba la muñeca. Despacito fue saliendo la pata elástica, conseguí la armadura y cada uno de sus vidrios. Perfecto, ahora sólo falta sacar la mano. La tenía atascada, con los lentes dentro de ella. Atascada peligrosamente, o soltaba los lentes y los daba por perdidos o me podía causar daños severos en la muñeca.

Apreté los dientes, puse cara de intriga y saqué rápidamente la mano, con lentes incluidos. Tenía hasta el brazo mojado, el pelo desordenado, olía a mierda y la muñeca fracturada. Pero tengo mis lentes.

La factura del yeso salió más cara que la compra de unos lentes nuevos, además del fastidio de fracturarse la mano derecha, de que tuve que salir corriendo del restaurante y de que tengo tres días escribiendo esto. Pero estoy orgullosa de mí por haber metido la mano, de esa forma, en la poceta. Una gran muestra de valentía de mi parte.

jueves, julio 21, 2005

Su nombre

Apoyó todo su cuerpo, de un solo golpe, contra la pared de concreto y se dejó caer doblando las rodillas hasta quedar sentado en el piso. Se sacudió el cabello que le escurría por los hombros y sujetó algunos que le caían en la cara por detrás de las orejas. Volvió a sentir asco. Había pasado toda la mañana rondando los escombros de la construcción. Se paró. Prendió un cigarro, esperando que cada bocanada de humo espeso lo ayudara a no pensar. Un dolor profundo que empezaba en el hueso del ojo se ramificaba por toda su frente y, si se quedaba muy quieto, sentía como latía toda su cabeza. Era un dolor conocido, a muchos inmigrantes les pasa por aquello de acostumbrarse a un idioma no materno. Un idioma al que tienen que domesticar.

No tenía más que dos años en aquella ciudad polucionada y triste, de calles envueltas en basura y hollín, en podredumbre de indigente y perros muertos. Pasaba todo el día esperando que llegaran las cuatro de la tarde para que su piel de ruso curtido dejara de recibir los rayos del sol tropical en plena ciudad capital mientras se llenaba la ropa vieja de cemento y arena.

En lo que llegó, había decidido cambiarse el nombre para que pudiese ser pronunciado por la gente de esa ciudad subdesarrollada. Para mí, era simplemente Alejandro. Unas cuantas veces se empeñó en pronunciarme su nombre obsceno para que me lo aprendiera y en el segundo en el que se despegaba de sus labios aquel sonido estruendoso, se me olvidaba.

A los dos meses de haber llegado consiguió trabajo en la construcción, entre placas y placas de concreto, remaches, mastique, espátulas y toda la tierra con la que pueda tener contacto un hombre. Trataba de sentirse afortunado, trataba de imaginarse que eran esculturas y no habitaciones lo que estaba construyendo. Pero los esfuerzos le eran en vano.

Alejandro había nacido con un pincel en la mano. En cuestión de minutos podía dibujar y esculpir cualquier cosa que hubiese visto un par de veces, a punta de memoria. Todos los días esperaba las cuatro de la tarde para salir corriendo con todas sus fuerzas a quitarse el disfraz de obrero para tragarse sus óleos y sus libros. Siempre pintaba escuchando una guitarra pulcra y no siempre entendible por sus oídos incapaces de crear música.

Seguía allí, prácticamente pegado al suelo, concentrado en el latido de su cerebro saltando dentro de su cráneo. El dolor empezó a caminar lentamente todo su cuerpo. Se iba convirtiendo en aire, entraba en todas sus células. El cansancio le fue llegando poco a poco, como un alivio, y empezó a hundirse en un sopor imposible. Faltaban dos horas para que saliera de aquella ciudad de polvo a esconderse en su taller improvisado. Allí lo esperaba yo, a veces, rodeada de inciensos. Me pintaba, nos mirábamos y hablábamos en un lenguaje inventado sólo para nosotros. Cuanto más óleo impregnaba el taller, mayor era el misterio que rondaba toda su fisonomía, su integridad y mi memoria. Tenía el cabello ondulado y ocre, las manos cuadradas, enormes, descuidadas y una barba incipiente de cachorro de la que él no se daba cuenta.

Llevaba los ojos llenos de tristeza. Cada vez que me miraba era como si quisiera hablarme de algo que no me decía, como si chorros de mundo me entraran por los ojos y me inundaran. A veces creo que era autosugestión, mi necesidad obscura de que me hable, de que me cuente, de que él mismo viera de que yo estaba ahí para recibirlo.

Un día llegué al taller. Y no había nada. Alejandro volvió a Rusia. Se fue volando, sin cuerpo. Abrí la boca y pronuncié su nombre, el de verdad. Y en ese momento se me olvidó para siempre.

miércoles, julio 20, 2005

I see things a little bit like this

When you are alone you are not alone, you are simply lonely - and there is a tremendous difference between loneliness and aloneness. When you are lonely you are thinking of the other, you are missing the other.

Loneliness is a negative state. You are feeling that it would have been better if the other were there - your friend, your wife, your mother, your beloved, your husband. It would have been good if the other were there, but the other is not. Loneliness is absence of the other.

Aloneness is the presence of oneself. Aloneness is very positive. It is a presence, overflowing presence. You are so full of presence that you can fill the whole universe with your presence and there is no need for anybody.

Osho The Discipline of Transcendence, Volume 1 Chapter 2

I am not saying, at any time, that this is the truth. Not at all. I don't prentend to make you see things the way I do. Is just that sometimes these words are good for me. I have been more aware of things... specially when the only thing I want to do is close my eyes and just run away.

(¨...everyone I know goes away in the end...¨ Trent Reznor, Hurt [talking about existentialist])

martes, julio 19, 2005

A (no) votar

EXT. DIA - AUTOPISTA FRANCISCO FAJARDO

En una camioneta azul, grandota, sucia (tengo mi
carro todo sucio siempre porque es herencia
directa de mi padre, EL SEÑOR J) vamos a casa de
mi abuela. Mi papá maneja, su esposa, la SEÑORA
B, está en el asiento del copiloto. Yo voy atrás.
El señor J se voltea, con cara de curiosidad y mira
a la señora B.

SEÑOR J
Negra, ¿Vas a votar?

SEÑORA B
No sé. Bueno, yo voto en Baruta, por lo
menos para no perder ahí. Pero, ¿qué se
va a hacer, por ejemplo con el Municipio
Libertador?

El señor J mueve la cabeza, cómo pensando. Me ve
por el retrovisor.

SEÑOR J
Isa, ¿y tú, vas a votar?

El señor J y yo nos parecemos más de lo que
creemos. Yo también he andado por ahí haciendo
encuestas, claro, a la gente a la que considero
inteligente.

JO
No, papi, no voy a votar.

En ese momento decidí, sin ánimos de cambiar de
opinión, unirme al porcentaje insólito de
abstención en los próximos comicios. Pero seguiré
encuestando.

lunes, julio 18, 2005

El Cardenal y el Verrugón

No, no soy católica. He rezado el padrenuestro un sinfín de veces, pero también he hecho meditación dinámica y he entonado el Nam-Myoho-Renge-Kyo muchas más veces. He estudiado al catolicismo, al cristianismo, al islamismo, al judaísmo, al budismo y muchísimas otras religiones mucho menos comerciales. Por eso puedo hablar sin sesgos religiosos del cardenal Rosalio Castillo Lara. Porque más que religiosa, me considero espiritual. Me considero humana.

Para poder haber interactuado con gente de religiones tan opuestas, he tenido que aprender a respetar los criterios de cada quién. Y he tenido que escuchar opiniones religiosas y de otras índoles e, inclusive, respetarlas. Sobretodo cuando la gente no está abierta a la discusión.

Pero el cardenal no está hablando de religión, está hablando de la situación inhumana del país. Y por humanidad me incumbe, como a todos. Como me concierne, y me indigna, que el presidente haga y diga lo que le venga en gana. En el interludio eterno de los dimes y diretes del cardenal con el verrugón, esta vez el segundo se extralimitó.

Todo empezó cuando el religioso declaró que Chávez “…es un jerarca que se dice representante de Dios, tiene el diablo por dentro, el diablo no respeta ni sotana”. Claro, es un comentario bastante intrínseco a su hábito, y a su opinión política, pero a fin de cuentas es su opinión y peores cosas han dicho de este presidente en los seis años de malestar que tenemos a cuestas.

Además, el cardenal ha insinuado la necesidad de recurrir al artículo 350 de la Constitución, declaró que vivimos en dictadura y que las elecciones no son confiables. Algo que todos sabemos pero que definitivamente parece haber sido un golpe bajo para el verrugón. Sin embargo, no entiendo cómo el otro replica que el cardenal es un "...bandido, golpista, inmoral, alcahueta, fariseo, hipócrita...” el pasado domingo en su programita inacabable.

No entiendo su falta de criterio, aunque sea, para respetar. Un mínimo de decencia. Al menos porque la mayoría de los ciudadanos que él representa, de muy mala manera, son católicos. Al menos por todo lo que se ha jactado hablando de Dios, de Jesús, sacándonos a todos la crucecita en televisión. La cruz, que no es símbolo de catolicismo, ni del cristianismo, sino de todas las iglesias que creen en Jesús como Dios. La misma iglesia que el cardenal representa, gústenos o no la idea.

El cardenal se defendió “…me ofendería que una persona muy honorable me dijera esas cosas…”. Es decir, le resbala. Por lo menos, a sus sopotocientos años se defiende de la forma más simple que existe y además lanza la cebollita de que el verrugón no es muy honorable, algo que todos sabemos.

Así, sin más insultos, sin devolverle la pelota al otro, corta el asunto. Yo no creo que los curas tengan la verdad, ni los pastores, ni los oradores, ni ningún ser humano. Tampoco creo totalmente que todos los célibes sean célibes. Pero sí me consta que para ser cura, hay que estudiar. De los dos, el cardenal demuestra, más allá de cualquier cosa, que posee educación. Sólo el cardenal.

Fuente: El Nacional, lunes 18 de julio de 2005

La manía de los test

Tenía tiempo que no conseguía uno que la pegara con tanta precisión. Buena forma de empezar la semana

The Keys to Your Heart

You are attracted to those who are unbridled, untrammeled, and free.
In love, you feel the most alive when things are straight-forward, and you're told that you're loved.
You'd like to your lover to think you are stylish and alluring.
You would be forced to break up with someone who was ruthless, cold-blooded, and sarcastic.
Your ideal relationship is lasting. You want a relationship that looks to the future... one you can grow with.
Your risk of cheating is zero. You care about society and morality. You would never break a commitment.
You think of marriage as something that will confine you. You are afraid of marriage.
In this moment, you think of love as something you can get or discard anytime. You're feeling self centered.

domingo, julio 17, 2005

De singular a plural

El vicio de comprar el periódico todos los días no es mío, es una condición que heredé de mi papá. En mi casa todas las tardes suena la voz chillona de cierto señor que da noticias, tiene invitados y habla de todo un poco en televisión. Inclusive, he llegado a ver algunos domingos el programa del verrugón, para ver si filtro sus chistecitos malos y sus eslogan chimbos y saco algo. Sí, somos todos adictos a la información y a los medios.

El asunto es que el periódico se ha convertido en un instrumento familiar, sin darnos cuenta. Durante la semana siempre llega alguno con la prensa en el sobaco y hace el anuncio “Ahí traje el periódico, está bueno, mira lo de Rayma”. Todas las noches la cosa es igual, mientras nuestro amigo ciudadano habla y habla en la cocina de mi casa.

Los domingos son especiales. Casi siempre desayunamos juntos, con los periódicos y las revistas de rigor. Nos sentamos, todos en círculo, en el porche de la casa de mi abuela. No nos dirigimos la palabra por un par de horas, a menos que sea para comentar alguna noticia.

Me encanta comentar el periódico con mi papá. Me encanta hablar de política y economía con él, porque sabe muchísimo y explica clarito todo.

En esas andábamos cuando mi papá bajó la esquinita del periódico desplegado frente a toda su estructura y dijo, asombradísimo: “La primera vez que escuché al verrugón diciendo algo en el plural de la primera persona fue cuando dijo “nuestra ineficiencia y nuestra incapacidad” de resto siempre anda diciendo “yo decidí, me reuní, aprobé…”. Claro, para lo malo si “somos” pero para lo supuestamente bueno, es sólo él…

Qué lindo es mi papi, todavía se sorprende.

viernes, julio 15, 2005

Instrucciones para cagarse de la risa

Agarre su carro, meta una toalla y diez mil bolos en un bolsito y váyase a La Guaira a un ida por vuelta, con la excusa bien surfista del huracán de moda. Llegue a la autopista, caiga en todos los huecos, que ya son trochas de tierra. Pase por Naiguatá a las siete de la mañana, vea la mayoría de los negocios cerrados, los niñitos lipones caminando sin rumbo terriblemente ociosos.

Aparézcase por Macuto. Vea los escombros y las peñonas enormes a un lado y otro del camino. Deténgase, respire la tristeza. Fíjese en los mancos, chuecos y cojos que dejó el desastre de hace seis años y que todavía piden. Deléitese con los nuevos ranchos, bien art deco, igualitos a los anteriores pero con ladrillos más rojos porque el sol no los ha desteñido.

Siga por la carretera a Los Caracas, una carretera que hace diez años era para llorar de felicidad. Tenga cuidado, maneje por la izquierda cuando vaya de ida, es probable que le caiga un pedacito de cerro si no lo hace. Vea como la carretera pasa de asfalto a tierra alternativamente.

Llegue, por fin, a Los Caracas. Bájese del carro, quítese las cholas. Empiece a caminar por los escombros. Tenga cuidado con el tractor pequeñito que maneja un señor tratando de remover, solo y sin mucho éxito, los pedazotes de concreto inservible. Siga caminando. Note que los escombros se convierten en algo que parece barro, fondo de río, arena. Es mierda. Tenga cuidado porque es mierda, si no se da cuenta por el olor, pregúntele a las moscas.

Diríjase a la orilla. No se confunda, no hay arena, hay una especie de polvillo negro que reemplaza a la anterior. Sí, esa misma es la orilla.

Ahora sí, espere, disfrute, llore su playa triste. Grabe un video aprovechando que los surfers están emocionados por el huracán. Vea como se pelean treinta y cinco por la misma “swell burda de glass, después del flat, gracias al huracán”.

Agarre su carro, devuélvase por donde vino. Llegue a Caracas, compre el periódico y lea “Vargas listo para la gente”. Cáguese de risa.

jueves, julio 14, 2005

A la NASA le sale competencia

Leí esto ... Jajajajajajajajajajaja.

No sé si me da más risa el primer párrafo o el último. Risa de la mala, de la que da por no llorar. Creo en el potencial humano en Venezuela, pero en más nada.

¡Epa! Sí, tú... el de la verruga, ¿qué vas a hacer con el jueguito ese que ahora estás inventando que haces? ¿Invertiste lo que sacaste de tu productiva jarrita de leche negra, supongo? ¿Y lo que ganes? Pa'l pueblo, ¿no? Ay, ya nos veo comiendo chatarra china.

Señores programadores

Para entender la recursividad
primero es necesario entender la recursividad

(posteando en pleno laboratorio de física)

miércoles, julio 13, 2005

La cajita verde

Hace como ocho mudanzas, cuando yo vivía en mi primer cuarto, tenía una cajita verde. Allí guardaba mis cosas importantes. No eran joyas, ni dinero. Guardaba papelitos y servilletas con las primeras cosas que escribía, las cartas que me mandaban, las cosas que tenían un recuerdo amarrado de un hilito.

De las cosas que recuerdo, la cajita verde tenía un chicle masticado, el tallo de una rosa, la piel de una culebra (la que sueltan cuando mudan el cuero), el diario de mi mamá cuando era adolescente, una cuerda de guitarra oxidada, uñas para tocar guitarra que improvisabamos con tarjetas de teléfono picadas a la machimberra con una tijera vieja, calcomanías de Scooby doo, una ficha arrugada con la letra de "Una mujer con sombrero" de Silvio Rodríguez y un montón de cuadernos con cosas que escribía, dibujaba, pintaba y escupía.

Hoy estuve leyendo una cosa que yo hacía llamar "The big book" donde escribía poesía. Es un cuaderno enorme con una liga y pedacitos de versos regados entre las hojas. No me gusta nada, no sé cómo se me ocurrió ponerme a hacer poesía.

Vodka con RedBull

Anoche salí con una amiga chiquitita que tengo. Eso de sentarte a tomarte un café en cualquier tarantín es una de mis más brillantes ocupaciones, puedo hacerlo en el cafetín de la universidad y en el sitio más rimbombante del mundo.

Había un gentío en el restaurantcito de Las Mercedes. ¿Será que a todo el mundo le dio por venirse a tomar un café hoy?, esperamos una mesita como diez minutos. Buenísimo, además, porque el señor que consigue la mesa se instaló a hablar con nosotras y se me hizo rapidísimo.

Después del respectivo marroncito, la enana del coño pega un brinco y me lanza “¿será que nos tomamos unas vodkitas y tal?” yo me privo de la risa y le explico mi difícil situación económica, pero la pana insiste “Ay, marica, o sea, un par de vodkitas y ya”

Había vodka con Red Bull. Impelable. Ponga a dos mujeres en una mesa, una frente a otra, con un traguito, café, té o afín entre las manos y déjelas ahí hablando. Suprima el tiempo, las necesidades fisiológicas, los celulares y los deberes de cada una de ellas. Listo, va a ver cómo se manifiesta la primera Ley de Newton. Se quedan hablando para siempre, por inercia ¡para siempre! Los hombres no pueden entender eso porque ni siquiera se miran fijamente a los ojos cuando se hablan. Nosotras si, todo el tiempo.

Después de un par de vodkitas para cada una, era hora de irse. Pedimos la cuenta y a los diez minutos llega el mesonero “Disculpen… ejem… señoritas, su cuenta fue cancelada por los caballeros de la mesa de al lado”. Menos mal que mi amiga es bien enana, porque se pudo esconder rapidito. Es que da pena, y mucha. Tenía que hacer algo. Mi amiga totalmente desparramada en la silla no aportaba mucho y el bochorno feliz tenía que torearlo sola. Me dieron ganas de decirles que no, que no era necesario. Pero no se podía “…fue cancelada…”. Nada, di media vuelta sobre la silla, encaré a los tres señores (bien señores, por cierto) me sonreí y di las gracias cortésmente, dije que no era necesario y ya está.

No, ya está no. Los señores pagaron la cuenta y nos pusimos a hablar con ellos. De política, de computación (si, bueno, mi karma de que siempre la gente que conozco tiene algo que ver con esto y siempre termino tecnologizada) y de tonterías. Y, ahora sí, ya está.

Después de que se nos pinchara un caucho y rápidamente lo cambiáramos, llegamos sanitas y salvas a mi humilde hogar. Con las manos llenas de grasa y hollín de freno y cagadas de la risa.

martes, julio 12, 2005

Ministro trdluiryaencojitsie:

Todo conduce a que, por un error en las conexiones neurológicas de su cuerpo, cada vez que usted abre la boca, simultáneamente, mete la pata. ¿Cómo pregunta cuál es el miedo ante la Policía Nacional, después de los eventos de la semana pasada?

Aquí no se trata de tenerle miedo a la Policía Nacional, se trata de tenerle miedo a la policía, a todos los cuerpos de seguridad del país. Yo sí le puedo echar un cuento. Unos cuantos. Como al pana mío que lo pararon en una alcabala y le revisaron hasta el saldo en la libreta de ahorros, por ejemplo. Yo más nunca me paro en una alcabala. Porque si me caen a tiros, por lo menos que sea de lejitos, para que no me dejen el tatuaje de pólvora.

Si, claro, el presidente y usted mismo condenaron los hechos. ¿Y qué? Nada. Sólo declaraciones en la televisión, y en el periódico que me trago todas las mañanas. Basta de reestructuración y planes de contingencia. Porque eso es todo lo que ustedes saben decir. Yo lo que no entiendo es la manía nueva de que todos los cuerpos policiales sean uno sólo, pero me imagino que así es más fácil politizar el asunto, me imagino que si todos están en la misma olla, es más fácil controlarlos, corromperlos. Todo es más fácil de esconder, si hay mucho bulto.

Ya van seis años de planificación, de reestructuración, de planes de contingencia, misiones y cuanta vaina se les ocurre. De 15 ministerios a 26, con el que nació de repente la semana pasada, en uno de los caprichitos de nuestro verrugón. Y encima, después de lo de Kennedy, salta a decir que no entiende el miedo a la Policía Nacional.

La masacre de los estudiantes, la muerte del supuesto implicado en el asunto de Danilo Anderson y que la cosa se quedó como en el aire, y otros eventos de índole pública y privada, demuestran la filosofía del funcionario de seguridad en esta nación venida a menos. Hay abuso de poder, corrupción, impunidad, descaro, matraqueo y malandrismo en todos los cuerpos policiales del país.

Es más fácil empezar a juntar y desjuntar organizaciones, reestructurar y hacer la pantomima y el teatro más grande que se haya visto alguna vez, en puesto de hacer algo productivo. No sólo es más fácil, es mejor para esta “revolución” que de bonita no tiene nada. Lo que da miedo es lo mismo que ha dado miedo siempre, desde el segundo que se montó el primer chicharrón en la sillita roja, hace media docena de años. Y eso es bien sabido, a lo que siempre le hemos tenido miedo. Si las tendencias no terminaran por cumplirse realidad en la mayoría de los casos, no existiera la estadística.

Deje de meter la pata preguntando cosas como esa en estos momentos de impotencia, como medida preventiva, deje de abrir la boca. Eso puede reducir los síntomas en buena medida. ¿No le han recomendado que renuncie?

domingo, julio 10, 2005

Tarde de perros... y pacos

A veces uno tiene que ir a la PTJ. A veces, incluso, uno tiene que pasar la tarde en la PTJ. Cuando uno se encuentra en las instalaciones de la Policía Técnica Judicial, empieza a pensar que la vida que uno conoce es de mentira. Que hay una vida paralela, que desconocemos totalmente. A lo mejor es que pasé demasiado tiempo confinada a esas paredes asquerosamente sucias, azules y blancas.

Los dos inspectores bigotudos, gorditos, exactamente iguales a cualquier forma de inspector de PTJ que pueda pasar por la mente de un mortal venezolano, dejaron el “Cuaderno de novedades” sobre el mostrador. Obviamente yo no sabía que eso se llamaba así. Para mí era una carpetita medio rota con un montón de papeles curiosos en su interior. Creo que inclusive pensé por un momento que era así como un catálogo para que uno eligiera el formato de la denuncia, o la cárcel a donde va uno a parar, o qué sé yo.

Agarré, bien confianzuda e ingenua que soy, y me puse a leer la cuestión. Cada una de las denuncias archivadas en la carpeta. Robo, hurto, homicidio, arma de fuego. Los nombres de todos los denunciantes/víctimas y los imputados, las horas, los lugares y las descripciones de todos los sucesos. Estaba en estado extático, con los ojos enormes, babeada de felicidad porque eso había llegado a mis manos.

Había un solo problema, un término.

Disculpe, inspector ¿qué significa ese... ve... eme... efe? ― uno de los términos que aparecía bastante repetido en el librito era S. V. M. F. y, no, esta señorita no se puede quedar con la intriga de nada.

¡Pero bueno, muchachita, eso es información confidencial! ¿qué haces tú leyendo eso? ¡si el supervisor ve esto, me botan y me quitan mi chapita! ¡hay que ver! ¿no sabes que te pueden meter presa por eso?

No, yo no sabía. Ni idea. Pero solté la carpeta cholísima. Le pelé los ojos al inspector “bigotes”, hice como treinta y cinco muecas y esbocé una sonrisita pícara. Listo, me lo gané. No me metieron presa. Y ni loca vuelvo a preguntar lo de las letras raras. Pero me moría de curiosidad.

Ya entradita la noche, me vuelvo a acercar al mostrador. Ya había escuchado las declaraciones de unos cuantos testigos, como cuatro o cinco denuncias y había hablado con un par de malandritos. Ahora los inspectores bigotudos hablaban. Mientras uno imprimía papeles, los engrapaba y los metía en carpetitas múltiples, el otro le proporcionaba entretenimiento, es decir, le hablaba paja. Me aprovecho de mi nuevo jueguito para hacerles llegar el diálogo.

INT. NOCHE - PTJ LOS NARANJOS (PERO DE GUARENAS-GUATIRE)

INSPECTOR BIGOTES # 1, un hombre de unos cuarenta años, panzón, bigotudo, bien criollo está dentro del mostrador, imprimiendo, engrapando y archivando papeles. INSPECTOR BIGOTES # 2, un hombre exactamente igual, su colega, lo mira desde afuera del mostrador.

INSPECTOR BIGOTES # 2

Coño, chamo, ya no se puede trabajar en secuestros, que va.

INSPECTOR BIGOTES # 1

¿Por qué, pues? Pana, la vaina está fea, pero no pa' tanto.

INSPECTOR BIGOTES # 2

Chamo, pero es que la guerrilla se está poniendo muy jodida.

INSPECTOR BIGOTES # 1

Si, la vaina está cabilla. Cada día es más peluo.

INSPECTOR BIGOTES # 2

No, no es esa vaina. Mira, el otro día estabamos a pata 'e
mingo. Teniamos al cabrón ahí, panita. Le estabamos oliendo los peos. Y la vaina
es que hasta te llaman pa'ca, pa la oficina.

INSPECTOR BIGOTES # 1

¡Coño! ¿Te llamaron pa'ca?

INSPECTOR BIGOTES # 2

Si, qué bolas. Yo atiendo y escucho "Buenas, el
inspector aquél del caso tal, por favor" "El habla,
¿dígame?"

El Inspector Bigotes # 2 hace señas como si estuviera hablando por teléfono y cambia la voz por una un poquito más malandra que la suya.

INS. BIGOTES # 2 (CON'T)

"Mira chamo, te estamos llamando pa' que dejes
de busca' a ese tipo, ¿mioiste?, poque la vaina es
que él ya cruzó el borde ¿Tú mientiendes?"

El inspector Bigotes # 1 lo mira, medio sonríe y balancea la cabeza. Acostumbrado a la vaina, como cuando a uno le dicen que fluctuó el precio del dólar.

JO, una chama ahí que no tiene nada que ver en el asunto, pero que es más curiosa que el carajo, está pegada del mostrador, con la lengua afuera. Está ansiosa porque no entendió la última frase. No se puede quedar intrigada y a cada segundo la vaina se pone peor.


JO

Disculpe, inspector ¿cómo es eso que "cruzó
el borde"? ¿eso quiere decir que se murió?

Aunque la chama ya había preguntado el asunto de unas letritas ahí y le habían echado su regaño, el inspector Bigotes # 1 se apiada de ella y le responde, pero volteándole los ojos.

INSPECTOR BIGOTES # 1

No, carajita, que está en Colombia

Los inspectores siguen ignorando a Jo por el resto de la noche y terminan la conversación.

INSPECTOR BIGOTES # 2

No joda, pana, y lo peor es que te dicen "Coño, el pana
cruzó el borde, y lo cruzó por esto, y por esto, y por esto"

INSPECTOR BIGOTES # 1

De bolas. Te dicen to'a mierda.
Como si na'a. ¿Y qué coño se hace?

Jo, después de investigar que S.V.M.F. significa Sin Verificación de Maltrato Físico, se salvó de la hepatomegalia que le hubiese causado su curiosidad. Fue liberada el mismo día, porque nunca fue detenida.
Hoy vive felizmente en compañía de sus seres queridos.

sábado, julio 09, 2005

Termina la frase...

Hoy es sábado 9 de julio, son las siete y media de la noche y...

P.D. No he tenido tiempo de nada, en dos días fui a dos clínicas, me infiltraron una vena, fui a la PTJ, a una funeraria y grabamos un cortometraje. Puf!

jueves, julio 07, 2005

La lista de pelis pendientes

Hace tiempito, RoRRo me preguntó cuál era mi lista de pelis pendientes. Confieso que no la había intentado escribir ordenadamente hasta ahora. Es casi medianoche y estoy muerta. Yo sé que no está completa, pero por algo hay que empezar. De todas formas la idea es, siempre, que se reduzca al máximo.

1 ) Big Fish
2 ) Blue Velvet
3 ) Butch Cassidy and the Sundance Kid
4 ) Charade
5 ) Cidade de Deus
6 ) Der name der Rose
7 ) Der Untergang
8 ) Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop
Worrying and Love the Bomb
9 ) Dreamers
10 ) Fargo
11 ) Kingpin
12 ) L’uomo delle stele
13 ) La Dolce Vita
14 ) Rear window
15 ) Sin City
16 ) Stand by me
17 ) Strangers on a train
18 ) The apartment
19 ) The Elephant Man
20 ) The Libertine
21 ) The Maltese Falcon
22 ) The Manchurian Candidate
23 ) Un long dimanche de fiançailles
24 ) Valentin

Los invito a que hagan esta lista mucho más larga, siempre y cuando sean verdaderas recomendaciones.

miércoles, julio 06, 2005

El olor del pasillo

Tenía que ir al médico. Me fui con una amiga como a las cuatro de la tarde. Por alguna razón mi médico queda en la misma clínica donde pasé casi tres años de mi vida. Todo iba bien, pasé buscando a mi pana por su trabajo, íbamos hablando simplezas por todo el camino de la deliciosa Cota Mil (es mi vía favorita en el mundo), llegamos al edificio, nos calamos una colita para agarrar el ascensor bastante parecida a la que se hace en tribunales. Hasta que nos montamos.

No me di cuenta hasta que el ascensor se abrió en el piso cuatro y empecé a caminar por el pasillo frío. El golpe de olor me abofeteó la cara. Es una mezcla de yodo con formol, quizás alguna que otra droga de quimioterapia, alcohol para mojar el brazo antes de meter la vía. Es un olor astringente, picante. Me inundó los dos huecos de la nariz y todo volvió a mi mente.

Las enfermeras no acostumbraban a tratar a mi mamá. Todo lo hacía yo. La cosa empezó a tomar forma de seguidilla. Al principio sólo tuve que aprender a poner inyecciones subcutáneas, igualitas a las de los insulinodependientes, por culpa de una trombosis venosa profunda ileofemoral. Pero además aprendí a hacer masajes de drenaje linfático, digitopuntura y reflexología, por si acaso.

Unas cuantas radioterapias más y dos ciclos de quimioterapia distintas después, ya estaba haciendo cirugías menores. Resulta que le dejaron una necrosis cutánea en la parte baja de la espalda que vivía infectándose. Ya la doxorrubicina liposomal, la gemcitabina, el carboplatino y otras groserías de esas no eran nada nuevo para mí. Agarraba unas esponjas quirúrgicas que venden en la farmacia, vienen esterilizadas y yodadas, y raspaba todo el tejido muerto y maloliente, aunque doliera. Luego le ponía parches Kaltostat, que ayudan a la cicatrización y evitan que se infecte nuevamente con tanta rapidez. Nunca se curó, había que hacer una rotación de colgajo, pero la hemoglobina no dejaba espacio para una visita al quirófano tan innecesaria, considerando que la vida estaba pendiendo de un hilo.

Noventa centímetros de colón menos después, vino la colostomía. La cosa no es tan grave como la pintan. Quizás sea un poco fuerte la primera vez que uno se acerca a semejante cosa, pero después te acostumbras, como a todo. No voy a dar detalles, porque muchos no lo van a aguantar, pero no porque sea fuerte, sino por la percepción que tiene la gente del sistema digestivo humano.

Cuando había inyectado unas cuantas veces (esto fue una seguidilla porque al final había que hacer todo esto todos los días) había limpiado la herida de la espalda, había cambiado la ostomía (léase: el arito de plástico que va pegado a la piel y donde se enrosca la bolsa), había vaciado o cambiado la bolsa, me había esterilizado sopotocientas veces las manos y me había cambiado los guantes la misma cantidad de veces, era hora de hacer lo suyo con la sonda.

Tenía una sonda de tres vías (Foley) que le llegaba a la vejiga, por el asunto de la hematuria. Si la sonda se trancaba y yo no podía extraer los coágulos con una especie de inyectadoras gigantes por donde echaba suero a mi antojo, había que reemplazarla por una nueva. El sangramiento era tan profuso que fue necesaria una irrigación de suero constante a través de la sonda. En ese momento empecé a dejar de dormir.

Había que cambiar el pote de suero cada dos horas, día y noche. Además de levantarse cada vez que se tapaba la cuestión. Había que cambiar muy frecuentemente la bolsa por donde salían los líquidos de la irrigación con sangre y orina y limpiar el desastre de suero que mojaba las sábanas cada vez que sacaba los coágulos.

Si no se hubiese apagado su vida, también hubiese tenido otro cable, esta vez desde el riñón, a través de la espalda. Pero la operación no funcionó, los riñones ya estaban cansados.

El olor de todo esto, de repente, me abofeteó la cara. Y creo que me dejó estúpida por el resto de la tarde. Ya no pude pensar más. Cuando estas cosas pasan, de repente, me entran ganas de destruir todo y empiezo a meter la pata, sin darme cuenta.

Jueguito nuevo

Por cierto, esta mañana me tomé un café con Carlitos. Me la paso preguntándole idioteces "Carlitos, ¿cómo se escribe un guión?", "¿cómo me exprimo el cerebro para que me salgan las ideas cuando están rebeldes?","¿quién dirijió Chinatown?"...

Esta mañana decidió darme un link a un programita (me imagino que para que dejara la preguntadera) que te ayuda bastante a que escribas un guión. La parte de la forma te la resuelve completamente, el asunto de las ideas, tú ves cómo te apañas. He aquí la página para que lo bajes. Es mejor en inglés, no sé porqué.

Million dollar baby

Cuando me enrollo a niveles infranormales por cualquier estupidez cotidiana de la vida, siempre recurro a algún pana medio cercano para que me entrompe de una y me devuelva a la realidad.

Hace unos años, uno de estos panas trató de explicarme algo que, si bien no creo que lo haya digerido completamente, es algo de lo que nunca me he podido olvidar y trato de mantenerlo siempre en cuenta.

Resulta que el hombre es todo un boxeador de alma y entrenamiento. Ha hecho kung fu, karate, kempo, boxeo y qué sé yo que otra cosa afín. Por eso todo lo que ocurre, dentro y fuera de él, lo compara con una pelea.

La teoría es esta, cuando uno tiene un suceso que causa conmoción cerebral, es cómo si estuviera en pleno ring de boxeo. Uno anda sudado, recibiendo y dando golpes, cansado, dolido y arrecho (de molesto, no de lo otro). Bajo esas condiciones, pensar se torna complicado. Si el luchador estuviera sentadito, tranquilito, en las gradas, supiera perfectamente la estrategia que debe aplicar para ganarle el asunto al contrincante. Pero esa no es la realidad, el hombre está adentro, a toda velocidad, entre golpe y golpe. Y mete la pata por cansancio, por dolor y por idiota.

Trato de imaginarme que estoy sentada en la grada y no en plena faena. Pocas veces lo logro, pero cuando es así, veo la solución. Está ahí, estampada entre ceja y ceja, pero el sudor y la sangre le bloquean a uno la vista.

lunes, julio 04, 2005

Porque le da la gana al chulo

Tengo un amigo que pretende darle la impresión a uno de que siempre lo está ayudando. Es el típico pana que siempre anda pendiente de un trueque “Yo te doy esto, y tú me das aquello, entonces yo te acompaño y tú me llevas y… y…”. Tal cual. La cuestión es que siempre quiere hacerte creer que te está ayudando, pero siempre te das cuenta del inminente chuleo.

No consigo una mejor analogía para estos mal llamados dirigentes del país. Son igualitos que mi amigo chulo. Ellos creen que uno no se está dando cuenta, pero se las lleva anotaditas.

La cosa es que han estado aumentando los ingresos petroleros, (o han estado desvalijando a las empresas productoras del crudo), hemos pagado más impuestos que nunca en nuestras vidas (mil quinientos bolos de aquí a Chichiriviche, sólo por pasar por unas “autopistas” bien deterioradas), un control de cambio que ya ni percibimos, de lo acostumbrados que estamos y tremendo bochinche con las reservas internacionales. Y, como única consecuencia, que los hombres estos se pasen en el presupuesto anual, más nada.

Se suponía que se iban a gastar el 30.9 % del PIB. Esto cubriría los viajecitos, la ropita, la publicidad y toda la cosa, considerando que estamos en año electoral, otra vez. Pero resulta que aparentemente tenemos pa tirar pal techo, porque según el reporte de proyecciones del Banco Mercantil el presupuesto se dispara a 36, 2 % del PIB.

Aquí la cosa no es quitarle los reales a los que más tienen, porque no sólo los ricos se han vuelto pobres, sino que los pobres se han puesto peor. Aquí la cosa es chupar una teta enorme que da leche negra, hasta que no quede más nada. Y mientras tanto el régimen aplica lo que aplica mi amigo. Intenta por todos los medios hacernos creer que lo “poco” que tiene está siendo distribuido en los estratos sociales más necesitados y sigue intentando hacerle creer a la fuerza intelectual, cada vez más débil, que todos los problemas aparentes son sólo para ayudarnos.

Yo sé que si le abro la cartera a mi panita chulo, no la voy a conseguir vacía. Nunca le abriría la cartera a mi panita chulo, ni a nadie, pero no tengo que abrirle la cartera a este país para ver lo que está pasando. Que siga pidiendo tributos por doquier, que siga con su control cambiario y su bochinche de divisas. Que siga chupando leche negra y haciendo “lo que nos da la gana, poque pa’ eso somos gobierno” ¿o no, fosforito?

Pero que no crean que nos están engañando, porque eso es lo que me indigna. El consumo diario de calorías del venezolano ha decrecido un 17% en los últimos cinco años. Eso dice hambre, más nada. Y los egresos del país siguen en aumento sin justificación alguna. O, bueno, sí, hay que entender las necesidades del régimen, para eso son gobierno, para que hagan lo que les da la gana.

(El título no es mío, es de un donante incógnito. Muchas gracias, Dr. )

Fe de errata

El presidente de la República Bolivariana (PUAJ) de Venezuela, Hugo (PUAJ) Chávez (PUAJ) Frías cuando, en uno de sus discursos, pronunció "Ser rico es malo", en realidad quiso decir "Ser malo es rico".

Agradecemos su compresión y disculpas.

domingo, julio 03, 2005

Julio Borges y yo

Estimado Julio:

Acabo de terminar de leer su artículo publicado el día de hoy en El Universal. Le confieso que es la primera vez que me detengo a leer algo suyo, en parte, porque esta mañana lo vi en la televisión hablando de lo mismo de lo que hablaba en el artículo.

Yo soy una de las pocas estudiantes de ingeniería en el país que se detiene a leer la prensa, que realmente está pendiente de la situación política, económica y social de nuestro mal administrado país. Probablemente porque soy una periodista en potencia, aunque mi carrera diste mucho del medio.

Esta mañana me enteré de su próxima candidatura. Conocimiento que reafirmé al leer el artículo. Empiezo por confesarme antichavista hasta la pared de en frente, no creo en el castrocomunismo, ni en ninguna forma de comunismo o de dogma político extremista. Tampoco creo en el plan de gobierno de este gobierno, no se trata de si han cumplido o no sus objetivos, sino en la calidad de los mismos. Soy opositora, para siempre, y ver cómo se fragmenta la “estructura” de los que no somos chavistas y el aumento vertiginoso de ni-nis en este país me tiene asqueada.

El motivo que me impulsa a escribirle, para no hacer esto más largo, es sugerirle, a usted, a Primero Justicia, a la oposición, o a todos aquellos cuya meta es realmente el progreso común, que no nos fragmentemos. No quiero llegar a la mesa de votación con tres o cuatro candidatos opositores, otra vez. No quiero a la gente tratando de ponerse de acuerdo para votar por el mismo candidato, en contra del que consideramos peor. Quiero una sola propuesta, para hacerlo sencillo, para unir fuerzas, en vez de seguir resquebrajando esta sociedad que se ha convertido en mil sociedades, sobreviviendo en el mismo espacio geográfico.

Es necesario que sólo sean dos candidatos. El que no quiero y otro como salida al que no quiero. Y después vemos. Luego sanaremos esta enfermedad de poder que consume todos los estratos gubernamentales en la actualidad, en manos de un líder que, al menos, aún no esté enfermo. Pero claro, esto es lo que yo quiero.

Lo peor es que he tratado de entender la candidatura, las declaraciones, los artículos publicados. Me empapo y me empapo de oposición sin conseguir entendimiento. No comprendo las acciones ni la falta de las mismas. En definitiva, estoy empezando a pensar que mi mutismo infeliz no es más que el producto de muchos "no entiendo" que nacen de los dirigentes de la oposición. Que alguien me explique.

The good life

Era hora de desintoxicarse. De parar la rumba, la salidera y el sesohuequismo. Era hora de hacer las cosas que realmente tienen que ver conmigo. Heme aquí. Alquilé cuatro peliculitas que me absorbieron durante ocho horas de esta semana, sin contar las que conseguí por ahí haciendo zapping al control remoto del televisor. Además de eso vi a mis panas más antiguos, leí periódico como un demonio y cuanta cosa impresa o codificada pasara por delante.

El jueves en la mañana todavía no les había dicho a los muchachos si me iba a lanzar con ellos para la playa. Me cuesta mucho, por cuestiones morales, salir de Caracas. En principio siempre pienso en todas las diligencias horrendas que inundan mi vida. Entonces me propongo quedarme para adelantarlas (siempre me quedo para hacerlas, pero nunca lo hago, qué vaina), y empieza mi cuestionamiento ¿Cómo me voy a ir? Los reales, mi papá, la familia, la vaina. Luego que si pierdo jueves y viernes, son dos días, bien podría adelantar algo porque son días laborales, y tal ¿y perderme cuatro días? ¿y lo otro?...

Esta vez decidí, a las diez de la mañana del jueves, mandar todo a la mierda. Si, agarré mis cuatro cosas y llamé a Andresito “Mira pana, que sí voy” “Fino, en tu casa a las cinco” me respondió mi panita surfista. Entonces empecé a acomodar todo, porque no puedo evitar esto de llevar un cachibachero loco a donde quiera que vaya. A Samantha (mi celular) era obvio que me la traía. Para nada, porque la artefacta en cuestión me tiene ladillada, se le jodió la pantallita y ando a ciegas llamando quién sabe a quién. “Andresito, es Jo otra vez, mira, ¿será que me puedo llevar a Alexander (laptop) y a Eugene?” “Si, coño, tráete toda verga”.

Un short que no me he quitado en todo el fin de semana, un traje de baño, la crema porque tengo la piel hecha mierda, el protector (para nada, señores, estoy negra), desodorante, cepillo de dientes, la cartera, los papeles y los reales. La cámara, la computadora, el celular. Listo, eso es todo. ¡Coño, el periódico! (ya tengo dos días sin leerlo, me está dando una vaina). ¡Coño, la toalla!

El burro es el dueño del apartamento, y del sunfish. Desde que llegamos ando botando la baba por el barquito en cuestión. Cargamos el casco hasta la orilla, hacemos un montón de nudos de marinero, montamos el mástil, la vela, la vaina, mil cuerdas (toda náutica la cosa) y nos metemos en el agua con el perol hasta que nos llegue a la cintura. Pegas un brinquito y está listo.

Mi pana el burro maneja el asunto. Que si baja el timón, monta la quilla, nos vamos. El viento empopa la vela, y se oye la tela ondeando, las olas, el agua clarita, el sol achicharrándome, el pelo suelto y más enredado que nunca. Divino.

Luego pescamos, o hicimos el intento. Armé los anzuelos y puse los plomitos en el nylon. Todos mis amigos, machos, vernáculos, se hicieron mierda a la hora de destripar un pobre calamar que serviría de carnada. Agarré el cuchillo y descuarticé al pobre bicho como mejor pude. Piqué los pedacitos y los enrollamos en el anzuelo. Aparentemente la vaina se llama trolear, lanzas el nylon pegado al carrete desde la parte de atrás del barco (sunfish para estos desvalidos) y dejas que la cena meta el mordisco y se enganche. Cenamos tortilla española. No, no la pescamos, es que no nos quedó más remedio.

Pero esto de pescar es extremadamente relajante, aunque termines comiendo pan con aceite. No importa perder toda la tarde viendo el mar, abúlico, agarrado de un hilito que se sumerge en el agua, esperando que no pase nada. Eso, de por si, ya es divino.

Hoy también salimos en el barquito por los cayos. Estoy negra. Daniel y Andresito están durmiendo, muertos, con un miche que se bebieron por ahí. Ahora más tarde le digo al burro que me preste su telescopio para subir a la azotea. Hay burda de estrellas.

Esto es mi vida. Tengo a Alexander encima, estoy tipeando esto, me tomé un cafecito, estoy negra, roja, ya no sé. El sonido de las olas entra periódicamente por la ventana, mis panas están aquí, dormidos, relajaditos. Y ando a la espera de ver estrellas. Así sí me siento viva.